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24 de Septiembre de
2004, Centro de Comercio e Industria de San Pedro
Charla
Debate Sobre
los Aviones a Reacción en la Fabrica Militar de Aviones

Por
Eduardo Campos
El pasado
viernes 24 de setiembre el investigador e historiador HERNAN LONGONI
brindó una conferencia sobre la historia de los aviones a reacción
fabricados en la Argentina.
Esta rica
charla, fue seguida por más de un centenar de entusiastas aficionados
a la aeronáutica que se dieron cita en el Salón de los Espejos del
Centro de Comercio e Industria.
A
continuación el Aeroclub San Pedro pone a vuestra disposición el texto
completo de esta conferencia:
“Hubo, dentro
de la Fábrica Militar de Aviones, una serie de desarrollos de
aeronaves que están lejos de lo que nosotros queremos hablar, pero
sirve para calibrar el gran salto entre lo que fue esa época inicial y
lo que vino después.
En la década del
40, con la Segunda Guerra Mundial, el desarrollo aeronáutico se
impulsó de una manera impresionante.
Hubo dos
criterios, relacionados con las necesidades, de apostar a aeronaves
probadas o a conceptos ya experimentados, a motores de pistón, a
hélices y demás, y después, yendo hacia adelante en el tiempo (sobre
todo en Alemania), iniciar el desarrollo de aeronaves de una
tecnología que ya se conocía de tiempo antes (Frank Whitle en Gran
Bretaña estaba desarrollando turbinas) pero que, por cuestiones de
riesgo técnico, no se había podido asumir hasta ese momento.
Ocurría que
Alemania veía como se bombardeaban sus refinerías y se acentuaba la
carencia de combustible para sus aviones, por el otro lado era mucho
más fácil refinar el carburante para los aviones a turbina más allá de
que la tecnología era mucho más compleja.
Es así que se
comienza a implementar esta tecnología en aeronaves y, justamente, fue
Alemania la primera que lo hizo.
¿A qué viene
esto? Se dice habitualmente que Argentina fue el quinto país en el
mundo en tener un aparato a reacción. En realidad eso es una verdad a
medias, Argentina fue el octavo país en el mundo en tener un avión de
diseño y construcción nacional con este tipo de propulsión. Adelante
estaban Alemania con su Heinkel 178, que voló el 24 de agosto de 1939
que, si bien era un avión a reacción, su concepción era similar a la
de un avión de motor a pistón. La performance era decepci onante y hoy
en día resulta llamativo que tuviera tren posterior, lo que se llama
tren convencional. Era un avión raro que voló poco y se lo dejó de
lado. Más adelante y casi al final de la guerra este estudio del año
39 se vio gratificado con lo que fue el Messerschmidt 262, una máquina
impresionante con alas en flecha, borde de ataque ranurado y demás.
El segundo país
en hacer volar un avión de este tipo fue Italia con el Caproni Campini
N1. Esta era una máquina que algunos historiadores no cuentan como un
avión a reacción ya que tenía un motor convencional que entubaba una
hélice en el que se inyectaba combustible y se quemaba en el chorro
como si fuera un posquemador d e una turbina ordinaria de hoy en día.
Por ello es que hay quienes eliminan a este avión. En realidad no era ni una cosa ni la otra sino una combinación de ambas tecnologías,
usaba los dos tipos de combustibles, nafta de alto octanaje y JP1 así
que, desde mi criterio, lo cuento como una aeronave de reacción. La performance de este avión fue muy mala, se construyeron solamente dos
ejemplares de los cuáles voló uno. Se lo presentaron a Mussolini y a
éste no le gustó y prefirió seguir teniendo provisión propia. Italia
producía sus aviones pero prefirió seguir apoyándose en lo que era la
provisión alemana de aeronaves, sobre todo de esta tecnología. Por
esto es que lo vamos a contar como el segundo en poder volar.

El tercero en
remontar, a pesar de que hubiera merecido ser el primero, fue el Gloster E 28 en Inglaterra. Whitle que es el diseñador de la turbina
estaba ensayando desde hacía muchos años motores de este tipo, el
problema que tenía era que los materiales no le soportaban las
tensiones, se le volaban álabes cada dos por tres, por ello es que el
avión voló como un experimento y quedó solamente el prototipo. Todo
esto, después, se vio gratificado con lo que fue el Gloster Meteor, al
que todos conocemos porque la Fuerza Aérea Argentina tuvo nada menos
que cien.
Después de
Inglaterra, y como no podía ser de otra manera, Estados Unidos voló el
XP 59. El mismo se encuentra en la actualidad en el Smithsoniano.
Derivado del P 39 en algunas cosas, bimotor, con un consumo
elevadísimo , una autonomía muy pobre y performances decepcionantes.
Volaba más lento que un P 51, tenía poca maniobrabilidad, la célula no
soportaba demasiada carga, en suma no era un caza sino un experimento.
En los EEUU hay imágenes muy difundidas de este avión, disimulándolo,
poniéndole adelante una hélice postiza de madera para trasladarlo
desde el hangar hasta la pista de pruebas que era un lago seco. Aún
así se veía perfectamente qué hacía el avión y ya para el año en que
voló (1942) esta tecnología era ya conocida a pesar que no era
implementada por una cuestión de ser una tecnología de riesgo. Ya
vamos a ver que lo mismo pasó acá en la Argentina.
Después el otro
en volar con aviones a reacción fue el Japó n. Como todos sabemos este
país y Alemania eran aliados pero, además, tenían una conexión
interesante desde el punto de vista tecnológico y el Nakajima J8N1,
que se llamó “Kikka” era muy similar a lo que fue luego el
Messerschmidt 262. Los motores eran los mismos pero fabricados
localmente, el ala no era tan aflechada como el 262, se dice que era
un poco más estable en los aterrizajes. En realidad se sabe poco y
nada porque cuando EEUU invadió Japón capturó todo este material y lo
usó después en beneficio propio a pesar que no hubo aviones parecidos
al “Kikka” en EEUU. Este voló el 7 de agosto de 1945 cuando ya la
guerra estaba a punto de finalizar.
El siguiente país
en volar con este tipo de aviones fue Rusia con el Yak 15. Esta
máquina fue la resultante d e agarrar todo el fuselaje trasero de un
avión convencional y pegarle abajo una turbina. Era un concepto muy
simple pero el avión volaba tan bien como lo podía hacer un Yak 3
porque, en realidad, las alas y la tecnología era la misma, solamente
tenía una turbina. Se fabricó en gran cantidad, no se sabe exactamente
cuántos porque en ese entonces no había información del otro lado de
la “Cortina de Hierro”, pero el tema es que el Yak 15 voló a fines de
1945 cuando la guerra terminaba y las tropas soviéticas estaban
ingresando en Berlin.
El desarrollo de
este avión fue importante en cuánto a la cantidad pero no se
desarrolló la tecnología en este avión. Se produjeron, eso sí, otros
aviones, ya lo vamos a ver porque está relacionado con cosas nuestras,
pero este avión siempre fue parecido a pesar que se fabricó en enormes
cantidades.
Se dice por ahí
que no existe un Yak 15 igual al otro a pesar de los miles
construidos, pero esto puede ser cierto hasta por ahí nomás. Se sigue
diciendo hoy en día que a los aviones rusos el ala de uno no le va al
otro, o que tal repuesto no le va al otro pero eso pasa igual en un
F-16, en un “Pucará” o en cualquier otro avión.
Después del raro
aparato de los soviéticos le toca el turno a los franceses, como
si empre, con un aparato aún más raro todavía. Se trata del Soudette 6000, un avión
prácticamente civil, ejecutivo, del que fueron
tan adeptos los franceses. Incluso décadas después nuestro Morane
Saulnier MS 760 y que sigue volando en la Fuerza Aérea, era un jet
ejecutivo siguiendo la línea de este avión, por supuesto salvando las
distancias ya que éste último tiene su propia concepción.
Bueno, a los
franceses les fue más o menos bien con el avión, lo fabricaron durante
un tiempo, no voló demasiados años pero lo hicieron con este avioncito
a reacción. A esto comenzaron a hacerlo el 11 de noviembre de 1946 y
al avión se lo apodó “Tritón”. Con el tiempo otro aparato francés se
llamó “Tritón”, que era una especie de misil con alas para romper
records de velocidad.
Pero si este
avión era raro más lo era aún el de los suecos, el Saab 21. Es muy
parecido al “Vampire” aunque también es parecido a una mezcla de
muchas cosas. Voló el 10 de marzo de 1946 con una “Nene”. Hay muchos
que no lo cuentan porque dicen que era una adaptación de un avión a
hélice pero, en realidad, es una máquina a reacción, tiene sus
turbinas, sus toberas etc.
Hasta aquí los
primeros países que tuvieron su tecnología para volar a turbina, los
aviones a chorro, como se les decía.
Y aquí es donde
entra el Instituto Aerotécnico en ese entonces (uno de los muchos
nombres que tuvo la Fábrica Militar de Aviones), con el IA 27 “Pulqui”,
conocido ahora como “Pu lqui
I”. “Pulqui” significa “Flecha”.
Este avión voló
el 9 de agosto de 1947. A este primer vuelo lo realizó Edmundo Weiss,
el “Pincho” Weiss, un piloto de pruebas que nunca se recibió como tal
porque no existía esa especialidad. El primer piloto de pruebas
oficial en la Argentina fue Rogelio Balado, muchos años después, que
voló el “Pulqui II” y que se accidentó con él.
Balado voló
muchos aviones y zafó de un montón hasta que, lamentablemente, la
inseguridad lo cobró muriendo a manos de unos delincuentes en la
Provincia de Buenos Aires hace muy poco cuando intentaba guardar el
auto en la cochera de su casa.
Bueno, con este
avión Argentina fue el octavo país en el mundo en tener un avión a
reacción en el aire. Lo que se dice comunmente es que fue el quinto
país en tenerlo. ¿Por qué ocurre esto? Porque hay muchos que no
cuentan al Caproni Campini, por ser una mezcla rara, y porque Alemania
y Japón no estaban en condiciones de volar sus aviones jet en ese
momento. En realidad me parece más justo y más cierto en decir que fue
el octavo porque, más allá que los vencedores en la guerra no le
permitieran a Alemania y Japón volar sus aviones, el tema es que ya lo
habían hecho y era lo que importaba. De hecho el “Pulqui I” no voló
demasiado tiempo por lo que, si es por eso, podríamos usar la misma
tónica y decir lo mismo, que Argentina no tenía aparatos a reacción en
condiciones de volar en ese momento.
En el año 1946 se
empezó a diseñar en la Argentina. Fue parte de una iniciativa nacional
contrariamente a lo que, por ahí, se sostiene, que se empezó a diseñar
en el país con la llegada de Emil Dewoitine, diseñador francés que
fabricaba los aviones de su propio nombre. La más exitosa de sus
creaciones fue el D 500 o el D 520. Era un avión muy interesante,
aerodinámicamente muy pulido y de muy buena performance, con una
concepción desde el punto de vista del mantenimiento muy evolucionada,
de muy pequeñas dimensiones que se podía meter casi en cualquier lado
y, sobre todo, muy ágil. Se fabricó en bastantes cantidades y fue lo
más exitoso que proyectó y fabricó Emil Dewoitine en su país.
Dewoitine era,
según cuentan los historiadores de época, un reconocido simpatizante
del régimen Nacional Socialista, por lo que en Francia, en los últimos
años de la guerra, no era muy bien recibido. Por esas cosas de la vida
apareció en la Argentina con unos planos debajo del brazo
presentándose ante el brigadier Ojeda, que era el Ministro de
Aeronáutica. Este es un dato interesante, Argentina tenía su propio
Ministerio de Aeronáutica, no era de Defensa como en la actualidad,
cada arma tenía su propio ministerio.
Así fue que Ojeda
recibió al francés, que traía un proyecto al que llamaba D 700. Era un
avión a reacción, pero era bastante diferente a lo que es el “Pulqui
I”. Entonces, ¿por qué terminó en esto?, porque Juan Ignacio San
Martín, que era ingeniero aeronáutico y fue director del Instituto,
les encargó a los ingenieros Cardelillach (Ver) y Morcchio el
desarrollo de un avión a reacción porque Argentina quería proveerse de
sus propios aviones interceptores para no depender tanto de la
tecnología británica. Nuestro país en 1947 empezó a recibir los
primeros Gloster “Meteor”.
La cuestión es
que se diseñó esto mas como un concepto teórico que como un diseño
práctico. Se dice por ahí que el “Pulqui I” estaba pensado para llevar
cuatro cañones Hispano Suiza de 20 mm. lo que es un error, no hay
ningún plano que tenga contemplado instalación de cañones y ninguna
foto que corrobore eso, incluso yo mismo he hablado con gente que en
ese momento estuvo en la fábrica diseñando, como el mismo ing.
Ricciardi, y me confirmó que el avión nunca fue pensado para llevar
armamento, no tenía lugar previsto para la instalación.
El tema es que
Dewoitine, utilizando su poder de convicción, firma contrato y se
incorpora al Instituto Aerotécnico para poder diseñar este avión. A
Morcchio, Ricciardi y Cardelillach, que eran los tres ingenieros del
instituto, no les puso muy contentos que viniera Dewoitine a
incorporarse, pero eso ocurrió (pasaría lo mismo con “Pulqui II”). El
asunto es que comenzó la construcción de este aparato en 1946, la
construcción del único prototipo que voló y de una maqueta de madera
que no se sabe si llegó a volar. Todo esto tardó catorce meses y nada
más que mil trescientos planos El avión era de una concepción tan
simple que, solamente con ese número de planos se contemplaba todo.
Tenía algunas cosas raras, o al menos llamativas, como el tren de
aterrizaje que era plegable y se retraía por aire comprimido, pero
bajaba por gravedad, las dos ruedas del tren principal que estaban en
el ala salían hacia fuera y el tren auxiliar, que era anterior, se
desplegaba hacia delante.
Un dato
interesante que podemos comentar de este avión es que el perfil alar
no responde a ningún perfil Naca ni a nada por el estilo sino que es
un perfil nacional, desarrollado en el IAME. El número de la
codificación del perfil era IAE 242-1 que era muy similar a otros
perfiles Naca como al del P-51, pero nunca había habido en el Río de
la Plata ningún P-51 como para poder copiar ese perfil. Esto fue el
resultado de un estudio de los tres ingenieros argentinos, que eran
especialistas en arodinamia para implementar en este tipo de
aeronaves. Era un perfil de lo que se conoce como flujo laminar, de
muy poca resistencia. Esto se revelaba muy indispensable porque la
capacidad de combustible era baja, tenía solamente tanques alares, no
poseyendo tanque ventral, no tenía tampoco la posibilidad de llevar
tanques en soporte alar porque la carga era limitada. La autonomía del
avión era de apenas 800 km.
El primer vuelo
se realizó el 9 de agosto de 1947 y lo hizo Edmundo Weiss. La
construcción del único avión se realizó en un rincón en el hangar 90.
Este es un hangar que debe ocupar unas tres manzanas y se hizo en un
rinconcito dentro de lo que fue, luego, el Area Material Córdoba. Uno
tiene la costumbre de decirle el área porque militarmente se la conoce
así, pero en realidad es la Fábrica Militar de Aviones.
En la fotografía
que vemos podemos observar el encastre de la cabina (que se separaba
completamente con toda la sección de proa), la toma de aire y los dos
canalizadores. El piloto iba sentado en una especie de cuna donde a
los laterales pasaba el aire que tomaba la turbina. Por todo esto digo
que el avión no iba a tener armamento porque no hay donde ponerlo. La
cabina de pilotaje estaba muy adelantada. Algo interesante es la
insistencia de algunas publicaciones de que el avión, por su forma,
era evidente que sería construido para un motor a pistón. Lo que hace
pensar eso es la forma trasera del fuselaje y la cola, muy similar a
un avión convencional porque no estaba calculada para mucho esfuerzo,
pero cualquiera que vea esto se da cuenta que no podía entrar delante
del puesto de pilotaje un motor de pistón.
Se ve también
atrás de lo que es el encastre de la turbina, la tapa de inspección.
Yo tuve oportunidad de ver al avión cuando lo estuvieron restaurando
en el Área Material Córdoba, la máquina estaba muy mal, realmente muy
mal, pero se notaban las tapas de inspecciones y era muy fácil el
acceso, se sacaban tres tapas y prácticamente todo el motor estaba a
la vista y lo que no se veía que era la parte inferior de la turbina,
(una Rolls Royce “Derwent”, la misma que usaba el Gloster “Meteor”),
se ingresaba por el hueco del tren de aterrizaje. Era todo bastante
simple, los comandos estaban balanceados estática y dinámicamente y
eran regulables en vuelo, y toda la superficie de comando era de
barra. No había cables en el avión, los alerones podían funcionar
también como flaps, estaba construido para pistas semipreparadas, el
tren de aterrizaje era muy fuerte, los amortiguadores eran por aire
comprimido. Era un avión robusto, ideal para lo que Argentina
necesitaba en ese momento pero, desgraciadamente, era poco viable. Era
interesante como un medio de estudio, que después se aprovechó en la
fábrica que construyó enorme cantidad de aviones a turbina y terminó
construyendo el “Pampa”, un diseño de construcción nacional. Todo lo
que se aprendió en ese momento después se usó porque parte de los
técnicos que trabajaron en aquellos años, para cuando se empezó en
1980 el diseño del “Pampa”, todavía siguen trabajando en la fábrica.
Bien, ahora
podemos ver la parte trasera del avión, se ve el grupo de cola aunque
le faltan las superficies móviles, se ve la tobera, el encastre del
ala y una de las tapas laterales está removida. Allá delante le falta
algo y era la tapa lateral para ver los alabes de la turbina.
La “Derwent” era
una turbina, para lo que hoy sería el standard, muy primitiva. Tenía
varias cámaras de combustión, cada cual tenía su propia tapa de
inspección, los alabes estaban escondidos detrás de lo que, en un
sistema moderno, sería el comando de control de inyección de
combustible y el ingreso de aire era muy malo. La tapa de inspección
tiene una anécdota y es que, cuando se llevó el “Pulqui I” a
reconstruir desde el museo de Aeroparque en ese entonces al Area
Material Rio IV, el comodoro Re, que era el jefe del área y quien
estaba a cargo de la restauración, al sacar la tapa se encontró con
que se le deshizo en las manos, el avión estaba realmente muy mal.
Pero, a la vez, todo el interior con las cuadernas y demás, estaban
prácticamente listas para una inspección y reponiendo lo que estaba
mal se podía poner casi el avión en vuelo. Es decir que la
construcción era buena. El aluminio era importado pero la fórmula de
uno de los componentes era local.
Continuando con
el avión en esta fotografía podemos ver otra cosa por la cual decían
que iba a ser una máquina a pistón. La panza, si se me permite el
término, del avión se eleva desde el borde de fuga del ala, es esa
parte redondeada que termina en la tobera y que parece como que se la
hubieran puesto de otro avión. Eso es típico de varios dibujos de
aviones a reacción del ing. Morcchio anteriores al “Pulqui I”, él
estaba trabajando con este tipo de máquinas antes de que apareciera
Dewoitine.
Lo curioso del
diseño es que la turbina es bastante corta, debe tener unos dos metros
y algo de largo y el avión tiene 8 en total. La misma estaba allá
donde se ve la tapa de inspección delante, ahí nacía y terminaba
prácticamente donde está el borde de fuga. Todo lo demás es fuselaje
abierto. Había una tobera tubular interior de aluminio que tiene unos
cuatro metros y medio de largo y ocupaba desde la salida de gases del
motor hasta sobresalir por este tubo que nosotros vemos acá afuera.
Esa solución, si bien fue original, se usó después en otras aeronaves,
por ejemplo, cualquiera que vea un A-4 desarmado ve que tiene el mismo
tubo o muy parecido. Tampoco era un invento nacional, la turbina era
corta y el centro de gravedad se le iba muy lejos si la ponían más
atrás, por eso inventaron ese tubo largo, de aluminio que hoy todavía
se conserva en el Museo de Aeronáutica. Durante el último fin de
semana estuve allí y la pude ver en un hangar de restauración, la van
a llevar a su estado original porque estaba pintada metalizada y la
van a pulir a como era.
En esta foto de
1946 vemos al avión prácticamente terminado, antes del primer vuelo.
Algo interesante es que esta máquina siempre llevó el mismo esquema de
pintura que es rojo con las escarapelas nacionales y nada más. No
llevó ninguna inscripción del prototipo, ni matrícula ni nada.
Es gracioso que
nunca se haya matriculado. Hay una interesante anécdota previa con un
DL.
Argentina fabricó
un avión que (si me escucha algún amigo me va a retar) muy parecido al
“Texan” pero de madera que se llamó IAE 22 DL, con motor nacional y
demás. El prototipo de este avión, el CN le decimos nosotros por
“construction number” o número de construcción 00, tenía en lugar del
motor “Gaucho”, como era el motor del DL, otro que estaba en la
fábrica, un “Alvin Leoni” (ver) y, como era similar en peso y
potencia, se lo instalaron. Pero ese avión no tenia matrícula, tuvo
cuatro o cinco accidentes, ninguno de gravedad hasta que en el último
se destruyó pero nadie murió, gracias a Dios. Un día se plantó el
motor y cayeron en un campo y cuando los encargados del mismo llamaron
a las autoridades para decirles lo ocurrido, no se sabía qué avión
era, si era nacional o de alguna potencia extranjera que estaba
invadiendo Córdoba dado que no tenía matrícula por ningún lado,
prácticamente era un OVNI. Eso pasó bastante antes de lo que pasó con
el “Pulqui”, por eso siempre llamó la atención entre nosotros, los que
nos dedicamos a estudiar un poco de esto, cómo nunca lo matricularon y
con mucha más razón si se tiene en cuenta lo que pasó con el DL,
imaginensé si se les cae en el campo en el año 1947 esto que no tiene
marca de nada, salvo la escarapela, no tiene hélice, es una cosa rara,
hubiese sido una cosa mucho más graciosa que lo del DL.
Cuando se hizo el
roll out toda la fábrica que en ese momento tenía alrededor de 15 mil
empleados, salió a la plataforma a ver esto tan raro que estaba
saliendo del hangar. Solamente tenía conocimiento preciso de esto la
gente que estaba afectada al programa. No era que el asunto fuese
secreto sino que, por ese entonces había mucha actividad, los
empleados estaban abocados cada uno a su proyecto. Acuérdensé que la
fábrica estaba fabricando el DL 22, estaba haciendo el “Calquín”,
estaba fabricando “Boyero”, etc., todo en forma simultánea.
Cuando fue sacado
del hangar se sabía que era algo importante, por eso es que salió de
la fábrica todo el mundo a observarlo. La gente que está en la foto es
la que estaba afectada a la construcción del prototipo. Salvando las
distancias era como que, hoy en día saliera un F-117 o un B 2, o
hiciera el roll out un F-22, era la misma tecnología, se sentía lo
mismo, Argentina estaba teniendo su avión a reacción.
El nuestro fue el
primer país latinoamericano en tener su avión a reacción y fue el
primer país latinoamericano en muchas otras cosas aeronáuticamente
hablando.
Esta es una foto
muy conocida, la sacó Edmundo Weiss, y fue el comentario de todos lo
que le dijo a Ignacio San Martín: “Este es el avión en el que me voy a
matar”. Como se puede ver no tenía mucha confianza.
La otra historia
de esta foto me involucra a mi ya que, con un amigo, la rescatamos de
una caja que estaba en la Fábrica Militar de Aviones lista para tirar,
como muchas otras que vamos a ver hoy acá.
Volviendo al
avión podemos decir que la cabina era bastante estrecha pero no era
incómoda, según se dice. El asiento era de madera y era el que se
usaba en los DL, por supuesto los comandos no tenían ningún tipo de
asistencia, eran mecánicos y eran a fuerza solamente.
La cosa es que
Weiss lo miró por fuera y dijo: Bueno, cuando esté listo vamos a dar
el primer vuelo”.
Lo que se destaca
en la foto es lo fino de las alas y lo particular del perfil, tiene
prácticamente el mismo perfil inferior que el superior, era un ala
bastante eficiente. Se nota la robustez del tren de aterrizaje, la
rueda que tiene puesta en el tren delantero no es de ese avión sinó
que la sacaron de un patín trasero de un Junkers 52 que había en la
fábrica que, cuando no volaba, se le sacaban cosas para otros aviones.
Era gracioso porque hay una foto que muestra a este trimotor volando
con tres tipos de motores diferentes al mismo tiempo. Por ahí tenía
como motor 1 a un “Gaucho”, el central era un Jumo original y el otro
un Curtiss o un Wright, y el avión volaba igual. También se ve que del
capot del “Pulqui” sale una antena, es la de la radio. No se sabe ni
el modelo ni el registro pero el piloto tenía comunicación radial
solamente para emitir desde el avión, no podía recibir, eso era para
que él comentara el comportamiento del avión con la gente que estaba
en tierra.
Cuando se terminó
de diseñar el avión, Dewoitine dijo: “Bueno yo diseñé el “Pulqui I”,
y, tras cartón, le propuso al gobierno instalar cerca de Buenos Aires
una fábrica de aviones privada. La inversión que se necesitaba era de
cuatro millones de pesos de la época y el primer plan quinquenal lo
contempló, se lo iban a dar. El proyecto era brindar trabajo a
alrededor de 500 personas y fabricar el proyecto D 710 que era propio
de Dewoitine (se trataba de un bimotor de transporte del que no quedó
ni plano ni grabado ni nada ya que no se construyó) y el “Pulqui I”,
como un avión entrenador de alta performance, cosa poco lógica porque
era un monoplaza.
Hay una
particularidad en torno a eso, un conocido mío en Córdoba tiene en su
patio el fuselaje completo de un Guaraní, se llama Cacho Murúa, fue
dibujante y posee una maqueta para túnel de viento de un “Pulqui”
biplaza. Con la incorporación de tomas de aire laterales, como se
pensaba hacer, era muy parecido con lo que después fue el “Shooting
Star” norteamericano, hay cierta raíz común en los dos aviones.
Continuando con
el proyecto de la fábrica debemos decir que el otro avión que se
pensaba construir era el D 720, un monoplano a reacción de ala baja y
alta performance y, bueno, a último momento no estuvo la partida
lista, no se le renovó el contrato a Dewoitine y el proyecto de
fabricar aviones de combate de forma privada quedó en la nada.
Pero el
desarrollo del “Pulqui” siguió. Esta foto es también gentileza de Juan
Ignacio San Martín hijo y es previa al primer vuelo, cuando están
cargando el avión para llevarlo a la escuela de paracaidistas para
realizar el primer vuelo. Se lo llevó en camión. Fue a eso de las tres
de la tarde y el vuelo se realizó a las cinco. Se cambió de pista
porque la de la escuela de paracidistas era más larga (lo que hoy es
la IV Brigada de Ejército), la de paracaidismo sigue estando en el
mismo lado.
La pista de la
fábrica en ese momento no estaba preparada para “Pulqui”, se sabía que
iba a despegar pero no se sabía cuánto de carrera iba a tener ya que
se desconocía si los frenos (que eran de aire comprimido), iban a ser
suficientes para frenar el avión por eso es que necesitaban una pista
más larga.
La misma era de
tierra igual a la de la fábrica y también hay una anécdota en cuánto a
eso. Cuando Juan Ignacio San Martín se hace cargo de la fábrica, como
ministro de Aeronáutica, la pista de la escuela, que era de tierra,
era operada por aviones DC 3 de la Panagra, que era una línea
norteamericana que utilizaba rutas acá. Y don Juan Ignacio, que era un
tipo bastante particular, un día se cansó de que despegaran DC 3 y que
tuvieran que interrumpir el tránsito de la fábrica y dijo: “Bueno,
cuánto de carrera de despegue necesita un DC 3 cargado a full”, tanto,
“bueno, corten la pista y de ahí para adelante háganle una pista”, por
ello la pista de la escuela es mucho más corta de lo que debería ser,
de hecho hay aeronaves que han descendido por urgencia y han debido
ser sacadas en camión.
Esta foto es del
primer despegue y el que está a los mandos es el “Pincho” Weiss. El
había dicho “este es el avión en el que me voy a matar”. Esta foto, en
realidad está sacada de un fotograma de la filmación original del
primer vuelo.
Weiss despegó el
avión y con todo bajo, flaps y demás, hizo un viraje por izquierda con
casi 45 grados de inclinación, lo llamó y vio que el avión no se
rompía. Esto se lo comentó el propio Weiss a conocidos con los cuáles
después yo hablé. Como vio que no se rompía empezó a tratar de hacer
acrobacia. Weiss era un tipo, según cuenta gente que lo conoció, que a
lo que se subía lo volaba, le daban un sulky y el tipo lo volaba. En
este avión no había tenido entrenamiento previo para volar, por
supuesto era un prototipo, pero el piloto de pruebas del “Calquin”,
(que no fue Weiss) fue el propio San Martín que era el diseñador, sin
embargo Weiss se llevó un “Calquín”, un bimotor de hélice bastante
difícil de volar según dicen, tenía el centro de gravedad calculado
para otra cosa, pero la primera vez que se subía, hizo acrobacia y
aterrizó con casi 300 km. por hora, bajó flaps, soltó y el avión se
desparramó en la pista y lo aterrizó como venía, cosa que a otros
pilotos les demandaba muchas horas de entrenamiento para poder
hacer eso con
un “Calquín”. El equivalente internacionalmente de Weiss hubiera sido
Chuck Yäeger, una cosa así. Lo que se dice en la fábrica cuando uno
habla con gente de esa época es: “El “Pincho” volaba lo que le daban”.
Él volaba y vivía volando, vamos a ver más adelante que en el
desarrollo del “Pulqui II” el piloto alemán de pruebas Otto Beherens,
un as de la segunda guerra mundial que voló aeronaves muy complejas,
volaba solamente “Pulqui II”, sin embargo Weiss volaba el I, el II,
volaba “Calquín”, volaba Junkers 52, y volaba lo que le pusieran
delante, él lo que quería era volar. El tema era que, cuando le dieron
el “Pulqui”, las performances no estaban del todo calculadas y se
suponía que era mucho más de lo que después el avión fue. El lo empezó
a exigir de entrada, el vuelo de prueba duró 28
minutos.
Acá se ve mejor
la planta alar, tenía un dibujo elíptico, trapezoidal. En realidad era
un avión lindo y dicen los que saben que cuando un avión es lindo
tiene que volar bien. El “Pulqui” era lindo y volaba, no bien pero
volaba. Se ve también el tubo pitot en el ala derecha y las luces de
navegación. El avión tenía instrumental mínimo, no podía volar por IFR,
solamente por visual y quien ve el panel lo puede confundir
tranquilamente con el panel de un avión de turismo convencional, más
allá de los comandos propios de la turbina, era muy simple.
Mientras vemos a
Weiss bajar del avión tras el primer vuelo resulta gracioso observar
el equipo que tenía. Una simple bombacha de campo, una campera de
cuero y una gorra. En la foto no se ve pero tenía los auriculares y
nada más. El “Pulqui I” no era presurizado, por supuesto, tampoco
tenía asiento eyectable. El procedimiento de eyección para un avión de
tan alta velocidad era invertir el avión y tirarse, la parte central de la cabina se desprendía y se desarmaba en t res partes. Para que se
soltara la cabina no había que desprender la traba sino que, con una
especie de martillo como los que hoy vemos en los colectivos, golpear
un remache para que se corte y ahí la cabina se desprendía. Esto, que
no se condice con la tecnología, también pasaba en el “Pulqui II”.
La cosa es que,
contrariamente a lo que había opinado Weiss, sobrevivió al primero y
también a los demás vuelos. Era el único piloto que lo volaba y que lo
voló, contrariamente a lo que dicen algunas publicaciones.
Esta aeronave
tuvo más fines publicitarios que prácticos. Después de este primer
vuelo hubo algunos más, la turbina, bueno, ya lo dije, era una
“Derwent 5” similar a la que estaba equipando a los Gloster “Meteor”
en la Fuerza Aérea en ese momento. Tenía 1632 kilos de empuje que
llevaban al avión a unos 700 kilómetros por hora. En ese momento la
FAA contaba con los Gloster con asiento en Morón en lo que era la 7ma.
Brigada Aérea en gran parte y otra parte más pequeña basada en Tandil.
En Mendoza la Fuerza Aérea tenía cazas a pistón, entre los que se
contaban los Fiat G 55 equipados con el motor del spitfire, un Rolls
Royce “Merlin”. Este avión le empataba al “Pulqui” en performance,
estamos hablando de un avión del año 1943. Pero el Fiat G 59, que era
una evolución del G 55, y del que la FAA tuvo un solo ejemplar,
superaba en velocidad y maniobrabilidad al “Pulqui”.
Más allá de lo
interesante que fue que Argentina fuese el octavo país en el mundo en
tener su avión a reacción, desde el punto de vista práctico el
proyecto empezó a verse como poco viable, no por una incapacidad
técnica ni porque no hubiera medios sino porque era una tecnología que
se estaba ensayando, no era como hicieron los suecos, sacar el motor
de un avión a pistón y poner un motor a reacción y ver que pasa. Las
cargas a las que está sujeto el avión son diferentes. No era agarrar
una avión y entubarle una turbina sino hacer todo el diseño del avión,
no se sabía qué podía pasar si se superaban los 800 kilómetros por
hora, mucho menos si llegaba a la barrera del sonido, aunque se sabía
sí que con las alas rectas no iba a poder llegar nunca.
Bueno, la cosa es
que el vuelo fue exitoso pero el programa se extendió hasta el año
1948 y, para ese momento, ya había llegado al país una camada de
científicos alemanes que estaban trabajando en una cosa un poco más
evolucionada y que se llamó IA 33 “Pulqui II” y el proyecto del I cayó
en saco roto. Se dice en algunas memorias de la FAA, sobre todo en el
Comando de Material, de la posible fabricación de 100 aviones “Pulqui
I” lo que más allá de ser imposible hubiera sido totalmente
antieconómico ya que hubieran volado sin servir para lo que realmente
era, un caza interceptor. Era superado ampliamente por el Gloster
“Meteor” que era de una concepción anterior.
En esta foto de
1960 se ven unas cuantas cosas raras. Lo que vemos en primer plano es
un IA 46 “Querandí”, un avión ejecutivo de diseño nacional y del que
se construyeron dos ejemplares con hélices “Pusher” (ver), es decir
las hélices soplaban, un sistema que después implementó la Piaggio y
que se hizo famosa por ese tipo de propulsión. Luego se ve el “Pulqui
I” que en el año 60 ya estaba en desuso, prácticamente arrumbado en la
fábrica, y a la FAA le empezó a estorbar el avión. Esa P que vemos al
uso inglés, un círculo amarillo con una P negra significa Prototipo,
se la pusieron porque a alguien se le ocurrió ya que no estaba
previsto que la llevara. En el medio vemos algo que ustedes
seguramente conocen, un “Ranquel”, es uno de los prototipos del
“Ranquel” y se ve el esquema original. En el fondo hay un “Boyero”,
uno de los 18 que tuvo la Fábrica Militar de Aviones, recordemos que
eran máquinas originadas en la industria privada. Esto es interesante
mencionarlo porque la Fábrica tenía tanto trabajo en producir
prototipos y unidades que servían después a la FAA que tercerizaba la
fabricación de algunas aeronaves como el “Boyero”. Imagínense esta
situación hoy.
el “Boyero” se
fabricaron alrededor de 120 aparatos, el único que hizo la fábrica fue
el doble cero, que se matriculó como “Tanguito 01”, otro lo hizo
“Petrolini Hnos.”, una fábrica de muebles, y los restantes los hizo
otra empresa que ahora no me va a salir el nombre como suele ocurrir
en estos casos. Pero la cuestión es que este “Tanguito 01” está
volando en General Rodríguez. Ahora no porque lo pararon para entelarlo pero ese avión sigue volando a pesar de sus más de 60 años.
Y el otro prototipo, el fabricado por Petrolini Hnos., está también en
General Rodríguez, lo vi ahí el viernes y el domingo lo vi en Morón y
me di el gusto de ver despegar este segundo prototipo que la FAA
matriculó como “Tanguito 02”.
El “01” era
distinto a los otros porque, originalmente, tenía un motor
“Continental A 50” de 50 HP y una hélice FM 1 de madera enchapada en
metal. Ese motor era raro en ese avión, todos los “Boyero” tienen el A
65 de 65 HP. También era el único que tenía ese tipo de hélice que
después se cambió, y el capotado también era diferente. Técnicamente,
sacando el motor y demás, la única diferencia que había entre el
“Taylor” y el “Boyero” era que el primero se podía compensar y el
“Boyero” no. Yo tengo amigos que volaron “Boyero” y me decían: “Mirá,
cuando vos despegabas con el tanque lleno se te iba constantemente de
trompa y lo tenías que estar llamando. Cuando el tanque estaba por la
mitad era una maravilla volarlo porque iba derecho y que se yo, cuando
se te vaciaba se te iba de cola”. Estas eran cosas muy anecdóticas
pero que no dejan de tener su importancia.
Lo interesante de
esta foto es que, salvo el “Ranquel”, todos los aviones que están ahí
son prototipos. En el medio hay un ala volante que es el IA 38
“Naranjero”. Habría que hacer una charla especial solamente para
hablar de esta máquina. Era un diseño de Reimar Horten. Ojeda, que era
ministro de aeronáutica le dijo un día a Horten: “Mire, tenemos que
traer mercadería del interior al puerto y no tenemos camino suficiente
como para hacerlo”. Argentina exportaba mucho por esa época y no había
caminos. A esto me lo contó el hijo de Horten que volaba jumbo para
Aerolíneas. Luego Ojeda le dijo: “Horten diséñese un planeador para
llevar mercadería del interior al puerto y que sea remolcado por un
“Lincoln” o por dos Glenn 139”. Estos eran bombarderos que equipaban
por aquellas fechas a la Fuerza Aérea. Un día apareció Horten con los
planos de esto que era un ala volante con una carlinga colgando abajo,
propulsado por cuatro motores “El Indio”, que eran nacionales y que
después equiparon al “Huanquero”. Ojeda le dijo cuando vio esto: “Pero
yo le pedí un planeador”, a lo que Horten contestó: “Si, pero ya que
estamos fabricando los motores por qué no lo hacemos volar”, Y voló,
lo hizo de una manera bastante rara porque en lugar de ponerle motores
“El Indio” lo único que encontraron eran motores “Gaucho”. Le pusieron
cuatro “Gaucho” pero, en conjunto, tenía 800 HP menos. Los “Indio”
iban a parar a la construcción del “Huanquero”. El “Huanquero” fue un
avión que entorpeció el desarrollo de muchas aeronaves porque, como a
la sazón se lo designaba “justicialista del aire”, y sin entrar en
consideraciones políticas, se le daba más importancia que al resto de
los aviones. El “Huanquero” influyó mucho en el desarrollo del “Pulqui
II” y el “Naranjero” por ejemplo. Todo esto más allá que a mi el
“Naranjero” no me gusta porque se podría haber hecho algo más
convencional.
Al “Naranjero”
lo voló Balado. El me dijo a mi: “Era pesado”, como diciendo “le
faltaba potencia”. Balado era muy profesional, de hecho era el primer
piloto de pruebas recibido como tal en Francia. Los otros eran pilotos
que habían aprendido con la práctica. La cuestión es que el
“Naranjero” levantó vuelo, voló apenas a dos metros de altura y, como
no le dio la potencia, lo tuvieron que volver a posar, pero sirvió
para demostrar que un ala volante se podía estabilizar sin
computadora, cosa que solamente Horten pudo lograr. Los prototipos de
Northrop volaron también pero con bastante más dificultad según se
dice que lo que voló el “Naranjero”. Este avión tuvo poco apoyo más
allá de que no hubiese resultado económicamente viable, pero lo
interesante es que, todo esto se encadena con un comentario que quiero
hacer, en los años 60 el “Pulqui I” ya estaba arrumbado en un hangar
junto a otros prototipos que quedaron a mitad de camino. En la foto
vemos al “Pulqui” que no llegó a nada, al “Naranjero” que no llegó a
nada, el “Querandí” no llegó a nada. Mas allá está un IA 37, un avión
que diseñó Horten y que tampoco llegó a nada. Los únicos que llegaron
a algo con muy buen tino me parece a mi fueron el FMA 20 el “Boyero” y
el IA 46 “Ranquel”. ¿Por qué digo con muy buen tino? Porque eran
aeronaves que, económicamente, tenían una salida. Los “Ranquel” y los
“Boyero” salieron a surtir los aero
clubes, se hicieron aero
aplicadores, inclusive se exportaron y fueron la base
de otras industrias, como por ejemplo Aero Boero que llegó a exportar
400 aviones a Brasil y que no es poco si tenemos en cuenta un mercado
como el brasileño que tiene su propio surtido de material.
Lo cierto es que,
desde mi punto de vista y que me encanta el desarrollo de aviones
raros yo no hubiese invertido en “Naranjeros” y si hubiera invertido
en Ranqueles y Boyeros o, quizás, algún proyecto más elaborado como el
IA 50 que era la presurización del “Guarani”. Este avión era lo que
después fue el “Bandeirante”. Los brasileños, que no son tontos,
tenían un taller que era Embraer, vinieron a la Argentina para ver
como se fabricaba aviones. Vieron el “Guarani” y preguntaron ¿Y esto
como es? Así. Ah bueno, se fueron e hicieron el “Bandeirante”.
Esta foto está
sacada en Aeroparque y es del año 1972 y el “Pulqui I” estaba a la
intemperie, ya hacía 10 años que el avión estaba ahí. Como se puede
ver las cubiertas no tienen aire, estaba bastante mal y a esto
agréguenle 30 años en ese mismo estado para imaginar como quedó el
avión.
Antes de
exponerse en Aeroparque el avión había estado en el Museo de la
Industria “Brig. Gral. Francisco Ignacio de San Martín” en la ciudad
de Córdoba. Es un museo del cual tengo el gusto de ser representante
por eso sé como quedó el avión y he viajado varias veces a Río Cuarto
para ver la evolución. Parte de la restauración fue posible gracias al
Museo “San Martín” ya que éramos los únicos que teníamos documentación
para que Río Cuarto pudiera llevar adelante la restauración, ni
siquiera en la fábrica había planos originales del avión.
Lo que se puede
decir de la restauración es que el avión tiene mucha masilla plástica
de auto, muchísima, cosa que no nos gustó nada pero no quedó otro
remedio porque había piezas que no existían y no había forma de
fabricarlas porque no existían planos.
Esta
foto la saqué el fin de semana pasado. Es el estado actual del “Pulqui
I”. Si uno va a Morón entre otras cosas puede ver el habitáculo, se ve
que el respaldo era recto, no tenía absolutamente ninguna inclinación,
el ángulo entre, y disculpen el término, el “culero” del paracaidas y
la espalda del piloto era recto, de 90 grados, lo que demuestra que
era bastante incómodo volarlo y teniendo los comandos como los tenía
debía ser medio complicado.
Hoy este avión
está en el hangar que anteriormente era de grandes helicópteros. En
este hangar en la década de los setenta y ochenta se hangaraban los S
61 y S 55. Es un hangar grande e igual a los de Rio Cuarto.
Otra
particularidad que tiene el “Pulqui I” es que la última turbina con la
que voló era una “Derwent 5”. Por supuesto, como era un prototipo, la
instalación de motores dependía de la disponibilidad que tuviera la
fábrica. En eso la fábrica se manejaba bastante mal en ese momento
porque si había un Gloster “Meteor” que necesitaba un motor y estaba
en inspección en la fábrica se retiraba el motor del “Pulqui” y se lo
ponían a ese Gloster. Pero digamos que el número de serie de esa
turbina era la “Derwent 10004” y tenía una novecientos y pico de horas
de vuelo instalada en un Gloster. Cuando el avión dejó de volar se le
retiró la turbina. La que está hoy en día en Morón, exhibida en la
sala de motores, no es la original del avión, si bien es una “Derwent”
a esa no la tuvo nunca puesta, nunca la llevó. Pero la “10004” se
instaló en un Gloster, el “Charlie 51” y ese avión hizo, junto con
otros cinco, el último vuelo de este sistema de armas de la Fuerza
Aérea Argentina en diciembre de 1970. Lo interesante es que el “51”
está hoy en la plaza del Aeroclub Baradero.
Para terminar
con el “Pulqui I” agreguemos que la estructura estaba calculada para
14 G positivas y 12 G negativas. Es para dudarlo pero era lo que
Dewoitine decía. A mi Ricciardi no me dijo que aguantaba 14 G, me dijo
que con 7 se conformaba. Lo cierto es que eso es lo que dice el manual
del avión y lo que estaba previsto.
Bueno, eso más o
menos fue el inicio en la Argentina de los aviones a reacción.
Para hablar de
cómo sigue evolucionando esto vamos a tener que retroceder un poco en
el tiempo.
A este que ven
acá
mucha gente lo debe reconocer, es un Focke Wulf 44. Este era un avión
de entrenamiento diseñado por el profesor Kurt Tank y construido por
su fábrica y que se hizo bajo licencia en la Fábrica Militar de
Aviones.
Tiene el FW 44
la particularidad de que el fuselaje es de tubos de acero al cromo
molibdeno, las alas son de madera y tela y toda la superficie del
avión está entelada. Pero desde el punto de vista de la estructura
había sido un avance que un avión entrenador tuviese ese tipo de
construcción. La fábrica lo adoptó y lo empezó a realizar bajo
licencia. Se pensó en una época fabricar el FW 44 para la Armada pero
esta optó por el “Stearman”. De estos aviones se fabricaron alrededor
de 200 y hay muchos aero
clubes del interior que todavía deben tener restos o
alguno entero.
La Fuerza Aérea
Argentina tiene solamente uno que está en el Museo de la Escuela de
Aviación Militar y, por lo que yo pude averiguar, no hace mucho se le
hizo una inspección y el avión está en condiciones de volar. La semana
pasada estuve en Don Torcuato donde hay un hangar en que restauran
aeronaves antiguas y me encontré con dos Focke Wulf 44, entré a ver
qué era lo que estaban haciendo ahí y me enteré que los dos, uno está
prácticamente listo y el otro tiene el fuselaje terminado, son
nacionales y están cero horas. Es decir que esos fuselajes no volaron
nunca, son los números de serie 168 y 192. El segundo está listo para
volar. Lo que sí me dijeron es que las alas que eran de madera no
servían por lo que hubo que hacerlas de nuevo. Las mandaron a hacer a
Lituania, no se por qué, pienso que saldría más barato. Cuando
llegaron las alas y se las fueron a instalar al avión había una
diferencia de un milímetro por lo que quedaron muy contentos. Parece
que a fin de año intentarán hacerlo volar.
Observar esta
máquina viene bien para ver en qué andaba el diseñador del “Pulqui II”
en los comienzos de su carrera. El profesor Kurt Tank era un ingeniero
aeronáutico con cierto renombre. En Alemania diseñó el FW 44 en la
preguerra, en 1939 diseñó una especie de ala volante compitiendo con
Horten. También realizó un caza excepcional, el FW 190, que era un
avión equivalente al Mustang o al Spitfire en sus ultimas versiones,
con la particularidad que los cazas aliados tenían el mismo motor, el
“Merlin” en V y este tenía un motor en doble estrella. Por esas épocas
se decía que un avión con estas performances no podía tener un motor
radial por cuestiones de enfriamiento de los cilindros o que la fuerza
de torsión y esto o el otro pero la cuestión es que el FW 190 demostró
que se podía hacer un caza de esas performances con un motor radial y
eso fue gracias a Kurt Tank.
Esto
que vemos acá es un Mig 15. Lo puse aquí para que veamos en dónde
andaba el mundo en ese momento en que apareció Argentina. Todos
estaban corriendo carrera con el sonido utilizando aeronaves de muy
alta performances. Observando al Mig 15 quiero que tengan en cuenta
tres detalles, primero la toma de aire que está adelante, segundo
donde están los frenos del avión, en la cola y cerca de la salida de
gases. Son de aleta como en el A 4 o en el Sabre. Finalmente quiero
que observen la cola, lo más importante en cuanto al éxito de esta
máquina radica en el grupo de cola, es la diferencia fundamental que
tiene el Mig 15 en relación al “Pulqui II” y en un momento vamos a ver
por qué.
Acá tenemos la
planta alar que es muy similar a la del jet argentino, en cuánto al
ala es muy fácil confundirlos. En cuánto al grupo de cola, si vemos el
plano horizontal es muy similar a lo que fue el del F 86, solamente
que este lo tiene a nivel central, en el medio del grupo vertical y el
F 86 lo tenía arriba de la salida de gases pero en diseño son muy
parecidos. El Mig 15 tenía una capacidad de carga muy importante como
se ve por esos tanques suplementarios, cosa que el “Pulqui” no tenía.

A esta foto la
puse como curiosidad, es de un Mig 15 UTI, un entrenador, y fue tomada
aquí en la Argentina. Este es una avión privado, argentino, de
construcción polaca y está volando en Don Torcuato en la empresa “Alas
Argentinas”. Es el único Mig 15 que hay en Sudamérica, tiene número de
serie 15 mil y pico, imagínense la cantidad de aviones de este tipo
biplaza solamente que construyeron los polacos.

Este es el
famosísimo Sabre F 86. Acá vamos a aprovechar para despejar una duda o
un error normal. Muchas veces escuché que el F 86 es una copia del “Pulqui”.
En realidad no porque el F 86 voló por primera vez en 1947 y el
“Pulqui” lo hizo en el año 1951. Lo que sí es que responden a
requerimientos similares, es decir que el que le encargó un avión al
diseñador le dijo: “Yo quiero un caza de tal performance, que cargue
tanto, a tanta velocidad y con tal alcance” y diseñó esto. Lo mismo
pasó con el “Pulqui II” y salió algo parecido.

Acá tenemos un
Sabre, aunque este es un F 30, es un avión hermoso, la Fuerza Aérea
Argentina tuvo 28 de estos aviones, mucho después y no en el momento
en que debió haberlos tenido.
Bueno ahora
empezamos con las cosas raras. Ya vimos en que andaban los demás y
ahora vamos a ver en qué andaba Alemania. Este país ya había volado el
“Salamander”, había volado el Me 262, el Heinkel 178. Focke Wulf
estaba fabricando el 190, el FW 200, si Alemania hubiese ganado la
guerra este hubiera sido el DC 3. Si bien es un muy buen avión, el
éxito del DC 3 tuvo que ver también con que los EEUU ganaron la
guerra. El FW 200 era tan bueno como el DC 3. Pero Kurt Tank le
encargó al jefe de diseño, un profesional brillante, Hans Multhopp, el
desarrollo de un avión de alas en flecha, monomotor, a turbina, con la
capacidad para llevar el 8 por ciento de su peso en armamento.
Se trataba de un
caza interceptor que nació de la necesidad de reemplazar o tener algo
mejor que el Me 163, que era un avión cohete, diseñado para atacar
“Fortalezas Volantes” en el aire y descender planeando. Los alemanes
se dieron cuenta que el momento más débil del Me 163 era cuando se
quedaba sin combustible y debía bajar planeando, ahí lo esperaban los
cazas aliados y lo destruían. Además era en parte de madera.
Entonces
Multhopp agarró y dijo: “Bueno, vamos a aplicar lo que aprendimos
diseñando este avión”.
En la biblioteca
de la fábrica encontró lo que quedaba, porque ya había sido bastante
bombardeada, de escritos de un ingeniero italiano que había escrito
sobre aeronaves con alas en flecha. Se puso a dibujar en base a este
material y salió un avión revolucionario cuyo prototipo se designó TA
183.
Aquí
vemos al prototipo en un túnel de viento supersónico que es muy
parecido al que la Fábrica Militar de Aviones tuvo para probar el
“Pulqui II”.
El TA 183 tenía
particularidades que eran de moda, por decirlo de alguna manera,
porque la toma de aire estaba en la proa, el ala era alta, fíjense que
tenía diedro negativo, es decir que bajaba hacia las puntas. Pero les
pido que presten atención a lo raro del grupo de cola. Era un avión
muy corto que, por una cuestión de centraje, se tuvo que extender la
cola en T para poder compensar el centro de gravedad al ser tan corto
el fuselaje.
Este
es el segundo prototipo del TA 183 y ya el fuselaje es un poco más
largo. De este avión solamente se fabricaron planeadores impulsados
por cohetes y sin tripular.
Les pido que
presten atención a la planta alar. Esta era muy avanzada y se parece
un poco a la que vimos recién en el Mig 15. Cuando estaban en
condiciones de fabricar el primer prototipo la guerra terminó y se
armó el desbande donde cada uno disparó para donde pudo.
Lo que se dice
comúnmente con respecto a los científicos que estaban trabajando en
Alemania son tres cosas. Los que eran amantes de la democracia fueron
a trabajar a los EEUU y derivó ese trabajo en el F 86, los que fueron
a trabajar a la Unión Soviética fue porque los hicieron prisioneros y,
por último, los que eran nazis y se pudieron escapar vinieron a la
Argentina. En realidad hay un poco de cada cosa. Que Kurt Tank era
simpatizante del partido Nacional Socialista no era ningún secreto
pero los que fueron a EEUU, los que vinieron a la Argentina o los que
fueron a Rusia lo hicieron por una sola razón: iban a fabricar
aviones, no iban ni prisioneros ni torturados ni nada. En el reparto y
desde el punto de vista intelectual, salimos ganando ya que vino la
crema y nata de los diseñadores. A la Argentina vinieron Reimar Horten
y Kurt Tank, entre otros.
Reimar Horten,
para mi gusto particular y a pesar que soy un admirador de los
productos de Tank, era superior a este último. Me decía el ing. San
Martín que el tipo veía todo en números. Cuando entregaba un plano no
lo daba dibujado sino que entregaba coordenadas. No hay un plano
dibujado por Horten sino que le daba al dibujante coordenadas para que
las tradujera a dibujo. Horten veía al mundo en coordenadas y, además,
tenía una intuición muy especial porque, años después, cuando se
intentaba hacer volar el “Mamboretá” que era un avión aeroaplicador
que tenía deficiencias en su control vertical a las que no podían
solucionar, vino Horten y les dijo a los ingenieros: “Miren, ustedes
tienen que agarrar el plano horizontal de la deriva y hacerle un
ángulo de ataque que salga de acá y termine acá. Yo en esta semana se
lo dibujo”. Al cabo de unos días llegó Horten con sus dibujos en
coordenadas, el dibujante lo tradujo, lo aplicaron en el avión y el
“Mamboretá” voló como tenía que volar. Es decir que era un genio pero,
además, era un intuitivo.
Bueno, la
cuestión es que nosotros recibimos a Horten y recibimos a Tank. Este
último vino con lo que pudo agarrar de los planos del TA 183. Tank
había tenido diferencias con Multhopp, que era el diseñador de este
avión, justamente por el dibujo de la cola. Horten decía que, así como
estaba, era difícil de volar, iba a ser inestable lateralmente, que no
iba a tener una buena reacción a los comandos. No sabemos quien de los
dos tuvo razón pero al final Tank lo aplicó y el “Pulqui II” terminó
volando, más allá de los problemas que tenía cualquier avión de alas
en flecha de aproximación porque era alta la velocidad.
Bueno, volviendo
al tema, debemos decir que el equipo alemán ingresó a la Argentina,
usando pasaportes argentinos, con nombres argentinos pero sin hablar
una sola palabra en castellano.
Cuando pasaron
por la aduana, por supuesto, nadie les preguntó nada. Tank venía con
una valijita y en ella traía los planos del TA 183 que había
recuperado.

Esto fue muy
gratificante de descubrir porque la hija de este señor que está debajo
en la foto, que es Otto Beherens, el piloto alemán de pruebas del
proyecto “Pulqui II”, con los años se me hizo amiga. Hoy es una mujer
grande que vive en Hannover quien me empezó a contar anécdotas de su
padre y de Tank.
Esta foto es
previa al vuelo del segundo prototipo. Del “Pulqui II” se construyeron
cinco prototipos en total. La primer célula se usó para instalar en
una ménsula y someterla a cargas hasta la ruptura para saber la
resistencia, para probar el límite teórico del avión. La segunda fue
la que realmente voló.
En esta imagen
vemos a la plana del equipo “Pulqui” en la vida cotidiana. Arriba se
ve a Horten y a Beherens fumando. En aquella foto que está allá donde
hay una persona sentada en una silla, es Kurt Tank pelando papas en un
fuentón para un asado que se hizo en la casa de Beherens. En otra de
las fotos se ve el asado.
La foto que está
más abajo muestra a Beherens en el asado y en la que está ahí a Kurt
Tank después del primer vuelo. El que está de saco y corbata es Otto
Beherens. A él no le dejaron tocar el avión hasta que no lo voló Weiss
porque el “Pincho” era el jefe de pilotos de la fábrica y me parece
que, con corrección, se le dio prioridad a ese piloto para que lo
volara.

Esta foto muestra
el taller mecánico que se había puesto Beherens ya que quería ser
mecánico cuando terminara su carrera como piloto de pruebas, arreglaba
motos y autos.

Este es el
esquema del primer prototipo, el esquema de disposición del fuselaje.
A este material la fábrica, después de escanearlo, lo deshechó.
Del avión también
se fabricó un planeador de madera. Ese planeador empezó siendo muy
parecido al TA 183. El centro de gravedad del avión estaba muy
adelantado en relación a lo que era en el “Pulqui I”, por eso la
turbina está muy atrás. Ya no hacía falta todo ese tubo que tenía el
“Pulqui I”, en total el avión tenía 11 tanques de combustible, 8 en
las alas y el resto en el fuselaje. Tenía un asiento eyectable “Martin
Baker” mk 1, que era el prototipo de lo que después se usó en el F 86.

Estamos viendo
ahora el encastre alar, en el “Pulqui II” eran semialas, dos alas
separadas y una cosa que me resulta siempre interesante, a pesar de
que no tengo ninguna base para asegurarlo, es la inclinación de la
espalda del piloto. El F 16 que tiene un límite teórico de 9 G, está
inclinado 30 grados para que el piloto lo soporte mejor y en el
“Pulqui” estaba practicamente igual, por supuesto no iba a llegar
nunca a esa cantidad de aceleraciones.
Este
planeador de madera fue diseñado y construido porque la maqueta de
túnel de viento que se estaba usando en el túnel supersónico no cubría
los aspectos que Tank quería dirimir. Entonces dijo: “Bueno, vamos a
tener que construir una maqueta para remolcarla y ver que pasa”.
Efectivamente se fabricó esta maqueta y una segunda. Lo que va
variando es la cola, siempre el problema del “Pulqui” fue la cola,
aquello fue por lo que Tank y Multhopp discutieron y lo que se
resolvió con el Mig 15 porque Multhopp se fue a Rusia y aplicó lo que
había aprendido con el TA 183 en el Mig 15 y por eso el Mig 15 era más
maniobrable que el F 86. Bueno, esto estaba pensado para que se
remolcara por un Martin 139 o un Junkers 52 y con cuanto avión estaba
en la fábrica. A esto lo voló Balado y lo voló Weiss.
Este es el primer
prototipo, el CN doble 0, o 01. Acá hay un problema porque la fábrica
a este le puso 01 cuando debió ponerle 00. Lo vemos en la ménsula,
estaba pensado para someterlo a cargas para ver como reaccionaba el
fuselaje. Acuérdense que estamos pensando en una época en la que se
creía que cuando pasaran la barrera del sonido iba a ser como pegar
contra una pared. No se conocía el estallido sónico, no se sabía si el
avión iba a seguir volando o si se iba a desintegrar. Este prototipo
nunca voló y se destruyó cuando fue sometido a estas cargas.
Este
es el primer prototipo, el número de serie 02. Lo interesante de esta
foto es la facilidad de acceso, se retiraba todo el grupo de cola.
Era
muy parecido a la manera de desarmar un A 4 hoy en día, el Douglas se
corta al medio y todo el grupo de cola sale y queda la turbina tal
como se ve ahí. Por supuesto la turbina era completamente diferente en
el caso del “Pulqui”, ya que se trataba de una Rolls Royce Nene II.
Este
es el último prototipo. Lo puse acá para conversar un poco del avión.
Entre el cuarto y quinto prototipo no hay ninguna diferencia,
solamente el esquema de pintura y que el quinto se conserva y el
cuarto no.
Al “Pulqui II” lo
voló Weiss, hizo un vuelo de 28 minutos, comprobó que el avión
funcionaba, lo aceleró, notó que era dócil a los comandos a pesar que
no tenía comandos asistidos sino que era barra como el “Pulqui I” y lo
aterrizó de una manera muy optimista, lo hizo bien, a muy alta
velocidad. Weiss volaba cualquier cosa y bien. Pero así como era muy
buen piloto a veces se entusiasmaba demasiado con el producto
justamente por lo bien que lo volaba. Entonces dijo: “A este avión no
hay que modificarle nada, así como está, está bien”.
El siguiente
vuelo que se produjo a los tres días de ese primero lo hizo Otto
Beherens. Beherens no hablaba ni una palabra en castellano cuando vino
y había sido piloto de pruebas del FW 190, del Me 262, íntegró el
grupo elite que había formado Adolf Galland para volar el 262. Era un
as y voló el “Pulqui II”.
Cuando voló lo
exigió un poco mas que Weiss y alcanzó más de 700 km. por hora en el
primer vuelo. Cuando fue a aterrizar, según dijo Ojeda después, lo
aterrizó como si fuera un avión convencional, lo trajo hasta la pista
en pérdida y cuando estuvo sobre la cabecera cortó motor y lo soltó,
el avión se desplomó sobre la cabecera y rompió el tren de aterrizaje.
Beherens salió ileso pero el avión quedó bastante golpeado. Hubo que
rediseñar el tren de aterrizaje, se detectó que hubo una falla en uno
de los amortiguadores pero, más allá de eso, quedó que Beherens había
metido la pata
Lo que también se
detectó fue que las punteras del ala entraban en pérdida antes que la
raíz. Para homogeneizar el flujo de aire se modificó el ala agregando
unos espolones en la raíz alar. El segundo prototipo modificado, al
que algunos llaman 02 M, tiene las alas un poco más largas y suben
hacia la cabina.
El siguiente
vuelo lo hizo el profesor Tank, su diseñador y que era muy buen
piloto. Se elevó hasta 8 mil metros en 6 minutos. Cuando estuvo a esa
altura que es la que calculó como la ideal para hacer pruebas en forma
segura, intentó hacer entrar en barrena al avión. Tank sacó flaps,
sacó tren, cortó motor y el avión empezó a descender la velocidad de
una manera lenta. De golpe, según cuenta Tank en el registro de vuelo,
y sin ningún aviso ni vibración ni nada por el estilo el “Pulqui”
entró en tirabuzón chato. Bajó alrededor de 4 mil metros en esas
condiciones no pudiendo sacar la máquina de esa situación. Por ahí se
dio cuenta que la turbina todavía estaba funcionando por lo que dio
potencia y, por esas cosas de la vida, el avión salió hacia delante,
lo dominó y estabilizó a alrededor de los mil metros del suelo. Una
vez que superó esta situación Tank volvió a trepar a 9 mil metros y
repitió toda la operación para ver como podía sacar de la pérdida al
avión.
Cuando se dio
cuenta cuál era el problema aterrizó la máquina, fue hacia la
biblioteca y se acordó de lo mismo que se había acordado su amigo
Multhopp que los aviones con empenaje en “T” tenían inconvenientes con
lo que se denominaba “sombra dinámica”, o sea que el flujo del ala
principal se desprendía y le restaba comando al empenaje debido a la
turbulencia, es decir que no tenía elevación por lo que no había forma
de sacarlo del tirabuzón.
Lo que Kurt Tank
hizo fue cambiar el borde de ataque de la cola, con eso trató de
homogeneizar la entrada en pérdida o la entrada en “sombra dinámica”.
Una vez que se le
hicieron las modificaciones el ministro de aeronáutica, que era Ojeda
todavía, insistió en que algunos pilotos que estaban volando el
Gloster “Meteor” en la Fuerza Aérea, volaran el avión para ir
adaptándose a lo que iba a ser el nuevo caza interceptor de la FAA.
Una cosa demasiado apresurada porque faltaba mucho para que el avión
estuviera listo. Entonces vinieron dos de los mejores pilotos de
Gloster, el comandante Soto, un jefe de escuadrilla, que volo el
“Pulqui II” bastante bien, lo aterrizó y dijo; Bueno, es un buen
avión, ta ta ta”. Después de Soto, que era comandante en ese momento,
un grado equivalente a lo que hoy es el de mayor, lo voló un capitán
que se llamaba Vedraño Manubal, un argentino descendiente de hindúes.
Se subió al avión y, no se sabe muy bien por qué, hizo un vuelo mucho
más brusco y arriesgado que lo que había sido el de Soto. Fue el mismo
día y con quince minutos de separación. Manubal tenía un récord
sudamericano de altura de 15.100 metros con un Gloster, era un hombre
experimentado, buen piloto pero... bueno..., no se sabe si por
impresionar a sus jefes o por volar a los más rústicos Gloster el
asunto es que, en una maniobra baja, llama al Pulqui con mucha
brusquedad y se pliega un ala. El avión se invierte y Manubal intenta
eyectarse. A tal efecto hace el procedimiento que había mencionado
anteriormente, agarra el martillito, corta el remache, vuela la
cúpula, tira del anillo de eyección, pero una vez que sale del avión
con el asiento eyectable, (el avión tenía que tenerlo sí o si porque
sino la cola te partía al medio) pero en este caso se eyectó
invertido, cosa que no es muy recomendable pero no le quedó más
remedio. La secuencia de desprendimiento del asiento eyectable era tan
larga (el piloto se tenía que soltar de la silla y abrir el
paracaídas) que llegó al piso antes de que pudiera abrirlo.
El tipo se mató,
el avión se estrelló, con los restos se hizo un estudio y se determinó
que lo que había fallado era unos remaches defectuosos que habían
originado que se plegara una de las alas. La cosa es que ese prototipo
se perdió en el accidente y el “Pulqui II” se cobra la primera
víctima, un capitán de la Fuerza Aérea Argentina.
Lo primero que
hizo Tank en ese momento fue llamar a Perón y decirle: “Mire que
nosotros vamos a seguir adelante con el desarrollo, esto es una cosa
normal”. Lo que era cierto por otra parte ya que se han matado miles
de pilotos probando aeronaves.
En el interin
hubo un intento de golpe de estado en 1951 en el que estuvieron
implicados oficiales que estaban a cargo de Ojeda, que seguía siendo
ministro de aeronáutica. Ojeda lo que hace es presentar su renuncia de
manera indeclinable por lo que se nombra en su reemplazo al brigadier
mayor Juan Ignacio de San Martín, ingeniero aeronáutico que, en ese
momento, estaba como gobernador de Córdoba.
San
Martín deja su cargo y se viene a dirigir el Instituto Aerotécnico y
garantiza la continuidad del proyecto. San Martín era un tipo de
vanguardia más allá de haber hecho cortar la pista y comienza a
desarrollar el siguiente prototipo, el cuarto avión.
Esta nueva
máquina incorpora un mejoramiento en el remachado del ala y se
incorporan aletas. El cuarto prototipo es el que incorpora estas
mejoras y, además, el armamento, cuatro cañones de 20 mm. debajo de la
toma de aire. En el centro de esta última puede verse una especie de
elemento vertical con un agujero en el medio que era la
cineametralladora, ésta se sacó de un Gloster para ponerla en este
avión.

Esta
foto que vemos ahora muestra el prototipo de túnel de viento
supersónico de la fábrica. Esta maqueta de madera gracias a Dios se
conservó y se encuentra hoy en el Museo “San Martín” en Córdoba.
Esta
foto corresponde al instante previo al despegue en Córdoba del primer
prototipo para ser presentado a Perón en febrero de 1951.
Hay una anécdota
graciosa que es que Tank lo llamó a Perón y le dijo: “General, voy a
ir para allá con el avión, vamos a hacer la demostración en el
Aeroparque, salgo a tal hora, usted salga a la misma que yo, desde
Córdoba, voy a llegar antes que usted”. “Bueno -le dijo Perón- salga”.
Tank se subió al avión, dio motor, despegó y llegó, por supuesto,
antes que Perón, que venía de la Quinta Presidencial de Olivos.
Lo
que Perón no tuvo en cuenta y Tank sí es que, como el evento era
importante, iba a haber multitudes en el Aeroparque y el tráfico no lo
iba a dejar llegar. En ese momento no existía el helicóptero
presidencial así es que llegó antes Tank con el “Pulqui II” desde
Córdoba que Perón con el auto desde Olivos.
Esta
foto muestra el vuelo de Tank en Aeroparque. Con este prototipo pasó
algo que hubiera podido ser importante. El principe Bernardo de
Holanda, que era alemán, había venido a la Argentina con la idea de
comprar “Pulqui” y es por el que se hacía esta demostración.
Cuando le dijeron
a Tank que tal príncipe estaba en la Argentina y que él debía hacer
una demostración contestó que no quería volar para él porque era un
alemán traidor. Entonces lo agarró Perón y le dijo: “No, mire, va a
comprar cien “Pulqui”, déjese de embromar, vuele un poco y que se yó”.
La cuestión es
que
Tank voló pero cuando terminó la demostración, aterrizó, lo saludaron,
ta ta ta, se subió al avión para una segunda demostración, la hizo,
puso proa hacia Córdoba y desapareció. No saludó al príncipe y se dio
el gusto de desairarlo aunque fuese de esa manera.
Esta
foto muestra al cuarto prototipo tomando tierra en Córdoba. Este avión
está pintado con el esquema definitivo y se destruyó, pero con este
esquema está el último prototipo conservado.
Se hacían las
mejoras a paso muy lento, era cuestión de probar y errar y probar y
errar. Al cuarto prototipo se le introdujeron aletas en el borde del
extradós alar para canalizar el aire.
Ese avión se le
iba a presentar a Perón luego del accidente de Manubal. Entonces Tank
le dice a Otto Beherens que empiece a ensayar en el avión para hacer
una presentación importante frente a Perón con el objetivo de
garantizar la continuidad del proyecto.
El 9 de octubre
de 1954 Beherens se sube al avión, hace una serie de maniobras, entra
la cola en “sombra dinámica”, luego en barrena chata. Lo saca de la
barrena chata pero muy cerca de tierra. El avión pega de panza contra
el piso, se desparrama y Beherens pierde la vida.
Hasta ahí es lo
que decía la historia, un vuelo arriesgado para hacer una presentación
prolija para el presidente. La realidad es otra y yo me enteré mucho
tiempo después a través de la hija de Beherens. Ella me cuenta que ese
día era el cumpleaños de la madre, o sea la esposa de Beherens, y el
quiso hacer un vuelo más espectacular y arriesgado que lo normal
pasando por arriba de la casa. Eso le costó entrar en tirabuzón chato
y perder la vida.
Como sea el
cuarto prototipo se perdió no quedando prácticamente nada. Pero ya se
estaba construyendo el quinto. A la revolución Libertadora no le cayó
para nada bien al programa. Todo lo que tuviera que ver con el
gobierno de Perón era censurado o dejado de lado. Pero también es una
realidad que el proyecto “Pulqui II” siempre estuvo retrasado porque
se le daba prioridad a una aeronave cuya designación era IAE 35 y al
que se lo conocía como “justicialista del aire”. La Revolución del 55
hizo que el proyecto prácticamente finalizara. Al “Huanquero”, como ya
se habían producido unos cuantos ejemplares, lo único que se le hizo
fue cambiarle el nombre, de “justicialista del aire” a “Huanquero”.
Hay una anécdota en cuánto al nombre. “Huanquero” es un abejorro que,
cuando vuela, produce un zumbido muy particular y el avión parece que
zumbaba cuando volaba, o también, lo que hace el “Huanquero” es
depositar los huevos en los excrementos de vaca. Entonces parece ser
que parte de la teoría es que se le pone “Huanquero” por el zumbido y
otra es por el excremento y demás, cosa que tiene que ver con el
mundillo político y que no vamos a analizar.
Con el 55 y su
revolución todo el grupo de diseño alemán emigró. Kurt Tank fue a la
India. Allí cristalizó un proyecto que había comenzado a diseñar acá
en la Argentina que fue el IAE 48, un caza supersónico de ala en
delta, que terminó siendo, no el mismo avión pero sí un desarrollo, en
la India el Industan “Marut”. Un desarrollo interesante de diseño
porque, en realidad, no hizo nada.
Con los
ingenieros argentinos se siguió trabajando en el quinto prototipo, que
incorporando todas las mejoras de los anteriores, entre ellos los
frenos de aire que estaban en la misma posición del Mig 15, con una
diferencia, en lugar de ser de pétalos y abrirse eran de aleta. El
diseño era raro y entorpecía el flujo de la turbina pero parece ser
que eran eficientes.
El quinto
prototipo fue volado, en un intento de golpe publicitario, por Rogelio
Balado, en una presentación que se quiso hacer en Morón despegando de
Córdoba, full de combustible y munición, ametrallando el aeródromo de
Córdoba y volviendo a la base. Ese vuelo se hizo y fue exitoso. Para
ese ensayo Balado, algo
raro,
se puso un casco de plástico. En ese momento el avión tenía fuera de
servicio el sistema de óxígeno por lo que se le adaptó un botellón de
un Gloster y cuando iba volviendo el piloto sufre una descompensación
por la baja del oxigeno. La grabación del vuelo es muy graciosa porque
Balado va diciendo pavadas por la falta de oxígeno. La cosa es que,
cuando aterriza en Córdoba rompe el avión, se pega un palo, pero
Balado no sufre ninguna consecuencia. El avión se desintegró pero la
suerte del proyecto ya estaba echada.
A mediados de
los 60 ser desprograma el avión y se manda al Museo Nacional de
Aeronáutica.
Mientras tanto
la Fuerza Aérea Argentina seguía volando desde el año 1947 un avión
del año 1944 que era el Gloster “Meteor” MK 4.
Este
Gloster que vemos acá está fotografiado en 1965 en Morón en sus
últimos años. Con esto quiero demostrar que se retrocedió mucho con la
cancelación del programa “Pulqui II” porque si bien el Gloster
“Meteor” cuando salió era una aeronave avanzada quedó obsoleto apenas
concluyó la guerra. Era una máquina de reacciones lentas, con un
consumo de combustible elevado y parecido a lo que era el “Pulqui I”.
Tenía sí una capacidad de fuego importante, no era mal avión, de hecho
la Fuerza Aérea lo voló hasta el año 1970.
Esta
foto está tomada en una de las cabeceras de la pista de Morón cuando
era 7ma. Brigada Aérea. En ese momento en Morón había 50 Gloster. La
Fuerza Aérea Argentina era la fuerza más poderosa de sudamérica a
pesar de tener aviones del año 44 y no del año 50 como hubiera sido de
tener el “Pulqui II”. Por eso digo que se retrocedió mucho. La idea
del “Pulqui II” fue la de reemplazar a los Gloster cosa que no se pudo
hacer porque para el año 1955 cuando la Revolución Libertadora, el
tiempo de desarrollo había sido tan largo que el avión era
prácticamente obsoleto. Pensemos que en el año 1955 Tank ya tenía los
planos del IAE 48 que volaba a Mach 2.
Esto
que vemos aquí es un Sabre F 86 de la Fuerza Aérea. Este avión voló
por primera vez en el año 1947, se suponía que era la competencia
directa del “Pulqui II” y el poder político, porque la FA no tenía ese
poder de decisión, decidió cancelar el proyecto “Pulqui II” y comprar
28 Sabres usados a la FA estadounidense que llegaron al país cuatro
años después del encargo.
El avión era muy
lindo pero en esos momentos obsoleto. Este es el “Charlie” 120 que
tiene una historia especial. Por este avión se desprogramó el sistema
de armas en 1986 porque plegó las dos alas en vuelo debido a fatiga.
El piloto se mató.
El “Pulqui II”
estuvo exhibido, por decirlo en un tono benévolo, en el Museo Nacional
de Aeronáutica en Aeroparque, a la intemperie, al igual que el “Pulqui
I”. El clima lo afectó bastante hasta que en el año 1998 se lo llevó
al Area Material Rio Cuarto y se restauró.

En
esta foto vemos cómo quedó el último prototipo del “Pulqui II”. Si se
fijan atrás, donde dice IAX 33 y antes de llegar a la escarapela,
están abiertos los frenos y están en la misma posición en que los
vimos en el Mig 15. Fíjense como las soluciones que se fueron
adoptando son muy parecidas. Los aviones están mucho más emparentados
de lo que se piensa.
El desarrollo de
aeronaves de reacción no se detuvo con el “Pulqui II”. Esto raro que
se ve acá es un diseño de Reimar Horten y se trata del IAE 37. Era un
ala delta que estaba pensada para ser impulsada por dos turbinas Rolls
Royce “Avon” y para volar a velocidades supersónicas. De este avión se
fabricaron maquetas en distintas escalas y se hizo una en tamaño
natural.
 
El
que se está subiendo ¡oh casualidad! el
“Pincho” Weiss, el piloto que voló por primera vez todos los
prototipos de reacción de esa época en la fábrica. El que está
sosteniendo la escalera es el diseñador, Reimar Horten. Este avión
tenía la particularidad que el piloto iba acostado, con una horquilla
en donde apoyaba su barbilla. Eso suponía que ayudaba a soportar
cargas aerodinámicas pero después se le puso una cabina más
convencional. Este es el prototipo de madera que era remolcado por un
DC 3.

Bueno,
a partir de la cancelación del IA 37 la fábrica no tuvo más remedio
que empezar a fabricar aviones bajo licencia. Esta línea que vemos es
de Morane Saulnier MS 760 “Paris”. Esta máquina se empezó a fabricar
en el país hace 43 años y hoy en día aún sigue volando.
 
El avión que
vemos en la foto, tomada en Posadas en marzo de este año, tiene 9800
horas de vuelo y alrededor de 14 mil ciclos. Hace dos años se le hizo
un ICM y tiene para seguir volando diez años más, hasta que se le haga
otro ICM que diga que puede seguir volando.

La madurez
técnica de la Fábrica Militar de Aviones se consiguió con el IA 63
“Pampa”. Hay algo interesante para destacar y es lo siguiente. El otro
avión fabricado en serie en los últimos tiempos fue el “Pucará”. Si
uno agarra un ala completa de un “Pucará” y la quiere poner en el
fuselaje de otro “Pucará” se va a encontrar que cuesta insertarla
porque a pesar de que se fabricaron ciento y pico de aviones nunca
pasó de ser un artesanado la fabricación de esa aeronave. Cada
“Pucará” es diferente del otro. Yo tengo una anécdota con respecto a
eso que ocurrió durante la reconstrucción de un “Pucará” para un museo
y que está armado con piezas de cuatro Pucarás y todavía hay remaches
que no podemos poner porque no los podemos hacer coincidir los
carenados. En cambio uno puede agarrar cualquier componente del
“Pampa” e instalarlo en cualquier otro avión y va a encajar perfecto.
La fábrica alcanzó, como decíamos, la madurez técnica con el “Pampa”,
ayudado por otra empresa alemana, la “Dornier”, fíjense como se repite
la historia.
Termino con el
“Pampa” y no es casualidad. Queda claro que la calidad del material
argentino es muy buena, de haberse llegado a producir en serie “Pulqui
I” y “Pulqui II”, hoy tendríamos por lo menos “Pulqui II” volando,
cosa que, lamentablemente, no se pudo hacer. De hecho hoy tenemos
“Guaraní”, Morane, Pucarás volando.

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